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Paso mucho tiempo, los momentos vividos no siempre fueron los mejores y lo único que nos ataba era el gran sentimiento que genera esa camiseta roja con mangas blancas, esa misma por la cual muchos damos la vida, esa que puede convertir 90 minutos en una eternidad llena de gloria, esa que saca lagrimas de nuestros ojos, lagrimas que señalaron el final de un largo y tortuoso camino que termino cuando el grande Agustín con sus manos doradas detuvo el penal que hizo temblar a Bogota.
Fue una semana en la que el corazón se cargaba en la mano, ver de tan cerca una nueva oportunidad de dar la vuelta no dejaba tranquilo a mas de un santafereño, los minutos se contaban para escuchar el silbato que diera inicio a las acciones y mas aun para escuchar el estruendo ensordecedor de un gol en el templo capitalino.
Pero no fue fácil, sorprendidos por el rival vimos como poco a poco la copa se alejaba, la ilusión se desvanecía y parecía que nuevamente la derrota llegaba de forma inesperada, las voces de algunos fieles incesantes hacían romper el alma de muchos otros que aturdidos por la decepción solo daban gracias por la ilusión.
Aconsejado por el mismo Dios que veía el partido desde el cielo, el gran Basilico movió el equipo y con Omar Pérez a la cabeza el León volvió a rugir, la ilusión renacía y las agotadas gargantas de los cuarenta y cinco mil espectadores hacían latir el corazón de cada uno de los guerreros que dieron su vida dentro de la cancha.
A pesar de todo el marcador se remonto, valió mas la fuerza del corazón que las expulsiones sufridas, a punta de amor propio los jugadores consiguieron alargar un partido que se tenia perdido, estaba escrito que el sufrimiento llegaría de la mano con la copa, esa que todos queríamos ver por primera ves, esa que nos pertenece y que nunca debió irse de tierra cardenal.
Solo si se es de la gloriosa escuadra cardenal se puede entender lo vivido cuando se veía venir la definición por penales, el apoyo para Julio era ensordecedor y las manos empuñadas de cada uno de los asistentes crearon una aura a prueba de todo, de cualquiera, el sentimiento de todo un pueblo nos hacia invencibles, la copa estaba cerca y la locura se apoderaba de la capital.
Sonó el silbato y ante la mirada de sus mas fieles seguidores el Grande Agustín voló para detener el remate y dar la gran alegría a todos los del León, el descontrol se apodero de las tribunas donde entre lagrimas y abrazos se fundía el gran sentimiento, ese del que somos dueños, el que llevamos pegado a la piel y por el que toda una vida estaremos unidos para decir nuevamente CAMPEÓN.
Muchas gracias Santa Fe, gracias a los jugadores, gracias a mi papá, gracias a todos los que han estado a mi lado y con los que vivi la mas grande alegría de mi vida.
Hoy nuevamente con el corazón en la mano nos jugaremos todo, arrancan los cuadrangulares y lucharemos por esa estrella que nos lleve al nirvana, esa séptima con la que tanto soñamos y que ahora tenemos muy cerca, de nuevo no será fácil pero con el aliento de todos bastara para que nuevamente se escuche el rugir del León en la Grande Capital.
VAMOS SANTA FE!!!!! |